Sentada a la orilla de la playa de mi soledad, jugueteando con la arena de mis temores; observo el mar de mi incertidumbre... El vaivén de las olas de mis tristezas trae a mi mente el bello recuerdo del día en que te conocí... ¡De pronto! Las olas de mis tristezas se estrellan contra los arrecifes de mi dolor y emergen las espumas de mi llanto jugueteando sobre las olas... Me pregunto... ¿Valió la pena amarte tanto? ¿Valió la pena tanto dolor?
La brisa marina de mi tormento me manda la respuesta con el aire de mi decepción el cual escucho como un lejano zumbido dentro del corazón diciendo: ¡No valió la pena darle tanto amor! Sí... tiene razón ¡No valió la pena darte tanto amor! ¡No valió la pena entregarte mi vida y mi corazón! Porque hoy estoy aquí...
¡Sola! ¡Triste! ¡Vacía! ¡Sin ti y sin tu amor!